Desde la perspectiva holística e integral vemos a la persona como un ser social que va adquiriendo conocimientos mediante un proceso de construcción personal y colectiva.  Es en los primeros años de vida donde este proceso adquiere mayor relevancia, influyendo directamente en el posterior desarrollo cognitivo y socioafectivo del niño. En ese sentido, la familia es la principal protagonista de la formación del niño, y la forma en que crezca y se desarrolle depende en gran parte del vínculo afectivo que la familia, en cualquiera de sus formas, logre construir. Dicho vínculo puede ser descrito a través de la teoría del apego.

John Bowlby fue el pionero en desarrollar la Teoría del apego, la cual describe el efecto que tiene sobre el niño, el vínculo afectivo que se construya entre este y la figura que ejerza el rol principal de cuidado, a través de la capacidad de dar respuesta apropiada, de manera rápida y oportuna, a los eventos estresantes por los que pudiese pasar el bebé o niño.

Los niños que mantienen una proximidad a su figura de apego tienen una mejor configuración de la personalidad, estableciendo así relaciones de afectividad que permiten un entorno de mayor seguridad respecto a las propias capacidades y habilidades al momento de aprender cosas nuevas y una buena autoestima en el contexto escolar y en la edad adulta.

De esta manera, los profesionales de la educación podemos darnos cuenta, dentro de las salas de clases, de los distintos tipos de apego que predominan en cada niño y cómo estos influyen directamente en su proceso de enseñanza-aprendizaje.

Bowlby y Mary Ainsworth lograron dilucidar dos tipos de apegos que predominan en cada uno de nosotros: apego seguro y apego inseguro, este último subdividido en apego evitativo, ambivalente y desorganizado.

 

APEGO SEGURO:

Los niños que han consolidado un apego seguro con su(s)  cuidador(es) logran explorar su entorno con mayor seguridad y tranquilidad. Son niños que tienen una autoestima alta, confían en sus capacidades, tienen mayor curiosidad por aprender nuevas cosas y poseen la habilidad de reconocer y comunicar sus emociones. Sus padres han logrado satisfacer sus necesidades con empatía, sincronización, disponibilidad y sensibilidad.

En el contexto escolar podemos observar niños autónomos, que experimentan con motivación su proceso de aprendizaje, se relacionan con sus pares con afectividad, manejan su frustración en momentos que no les resultan sus tareas académicas, se mueven, juegan y se esparcen por sus espacios de manera segura y confiable.

 

APEGOS INSEGUROS:

Son niños que no han podido ser satisfechos en sus necesidades, si bien, en la mayoría de los casos sus padres poseen la motivación para entregar una buena crianza, fracasan, provocando así 3 tipos de formas de apego

 

1.- Ambivalente: La figura de apego no es constante, su tipo de crianza no es equilibrada debido a factores externos como por ejemplo, que ambos padres trabajen largas jornadas, o que alguna situación haga que su cuidador principal tenga que viajar constantemente. Sus padres generalmente se comportan de manera ambigua en su vínculo afectivo con el niño, a veces son cariñosos y otras actúan con enfado y frialdad. Buscan constantemente a su figura de apego de manera ansiosa y luego al tener una cercanía con él se resisten a ser tranquilizados, se enojan y enfadan.

Los niños se comportan de manera dependiente e hipersensible a las relaciones sociales, presentan  frustración cuando no les resulta algo, propensos a problemas fóbicos como fobia escolar. En la escuela generalmente presentan algunas dificultades de aprendizaje, como por ejemplo, retraso en su proceso de lecto-escritura, dificultad en la comprensión lectora o cálculo matemático.

 

2.- Evitativo: La madre o cuidador principal no estuvo disponible de forma reiterada o rechaza al niño en situaciones de estrés. El niño aprende de manera autónoma, se adapta al adulto y evita la cercanía y la conexión emocional con él. Son niños que generan una base de adaptación a diferentes situaciones, evitando toda situación de desagrado. Por lo general, se pueden observar niños brillantes en su proceso académico, ordenados y que no provocan ningún problema a su docente de clases, son los niños a quienes pueden llamar “perfectos” para un contexto escolar que exige ciertas normas de convivencia y disciplina.

Sin embargo, no presentan queja alguna o llanto, porque están convencidos de que no van a conseguir lo que necesitan, por lo tanto sienten que es contraproducente expresar los sentimientos por lo que  van poco a poco inhibiendo sus emociones hasta el punto de desvalorar las relaciones sociales, evitando intimidad y cercanía. De esta manera van construyendo su vida de manera independiente, demostrando, seguridad y autosuficiencia sin necesitar a otro.

 

3.-Desorganizado: Sin duda, es el tipo de apego más preocupante y peligroso, debido a las consecuencias que tiene sobre el niño. Su figura de apego demuestra ser una fuente de terror para el niño, pues se comporta de manera agresiva, con roles confusos, dando respuestas de retraimiento y presentando una actitud negativa frente a las necesidades que demanda el niño.

Los niños presentan patrones contradictorios de conducta, como por ejemplo, una fuerte tendencia de proximidad con su cuidador acompañado con comportamientos evitativos y confusos. En general no poseen una organización mental coherente, tienen grandes dificultades para controlar situaciones de estrés y para reconocer sus sentimientos.

En contextos donde existe ambiente de violencia y/o abuso sexual, los niños tienen altas probabilidades de desarrollar un apego desorganizado.

 

Tips para desarrollar apego seguro:

  • Que los padres estén disponibles en distintos contextos y momentos, así los niños pueden recurrir a ellos con libertad

  • Que la relación entre padre e hijos sea estable y continua.

  • Que exista una alta sincronización entre el cuidador principal y el niño.

  • Crear una base de seguridad y confianza, con mucho amor y cariño.

  • Responder oportunamente a las necesidades del bebe o niño.

  • Generar la mayor cantidad de horas posibles al cuidado del niño.

Guardando estos cuidados podemos tener una base para que nuestros hijos tengan menores dificultades y puedan desarrollar su proceso de aprendizaje de manera óptima en su contexto escolar.

 

Por Romina Quiroz Sandivari

Psicopedagoga y Terapeuta floral en Espacio la Montaña

Diplomada en salud integral perinatal e infantil. Escuela de Terapeutas Enfoque Holístico.

 

Fuente: http://www.espaciolamontana.cl/la-importancia-del-apego-en-el-desarrollo-crecimiento-del-nino/ (Revisado. Abril 2018)